EL FINAL DE LA HOMEOPATÍA

 

Estimados compañeros, en medio de una situación tan difícil, me gustaría aportar unas palabras a este debate.

La situación, como digo, es complicada. Dura para los homeópatas que, convencidos por la experiencia clínica de las excelencias del método, no comprendemos lo que está ocurriendo; no entendemos la razón de tanta agresividad, de tanto menosprecio, de tanta descalificación. No entendemos la actitud, aparentemente irracional, de los pseudoescépticos, ni la docilidad de las universidades. Pero lo que verdaderamente no entendemos de ninguna manera es que en nuestros propios colegios de médicos se haya desencadenado una campaña fratricida contra los homeópatas en el sagrado nombre de la ciencia. Ignoro si alguno de estos directivos colegiales que hoy se llenan la boca con la palabra ciencia es realmente científico, pero imagino que la mayoría son sencillamente médicos prácticos como tantos y tantos colegiados, como los médicos homeópatas. Según parece su praxis es científica y la nuestra no. ¡Vaya por Dios!    Pero como ese es un tema que merece capítulo aparte, lo dejaremos para otra ocasión. Lo que ahora interesa es otra cosa, a saber, la campaña brutal contra la homeopatía que tanto daño está causando.

¿Quién está detrás de todo esto, quién orquesta la campaña, quién la financia, quien es, en definitiva, la mano que mece la cuna? La opinión más extendida es que se trata de la industria farmacéutica, pero eso es algo que no está científicamente demostrado.

¿Cómo se las ha arreglado esa mano que mece la cuna para presionar a las autoridades colegiales de manera que éstas, en lugar de apoyar a sus colegiados como es su deber, en lugar de tratar cualquier duda sobre recursos terapéuticos entre médicos y de ese modo arribar a conclusiones razonadas, los denuncien públicamente y tomen medidas injustas contra los mismos? Ellos, unos y otros, sabrán cómo lo han hecho. Personalmente no dudo de la integridad y la buena voluntad de los directivos colegiales, por lo que la única explicación que se me alcanza es que han sido engañados. Si quieren salir de su error, sólo tienen que hablar con los homeópatas y más aún, con los pacientes de los homeópatas.

La homeopatía despareció virtualmente del panorama médico español después de la guerra civil y a finales de los 70 resurge de la mano unos pocos pioneros que, merced a un trabajo callado, pero eficaz, van acreditando el método que se extiende con rapidez entre médicos y pacientes. La actividad docente, al comienzo rigurosamente privada y sin avales de ningún tipo, recibe pronto el apoyo de colegios de médicos y universidades que colaboran con instalaciones, apoyo institucional y titulaciones. La actividad profesional prospera, siempre en el ámbito privado, fuera del sistema público de salud. Se hacen intentos por conseguir la consideración de especialidad, pero resultan fallidos. Pese a ello, la homeopatía sigue cosechando éxitos y popularidad: era cuestión de tiempo que la mano que mece la cura decidiese arremeter contra nosotros.

En algún momento de todo este proceso, aparece Boiron. Por si alguien no lo sabe, Boiron es el más importante de todos los laboratorios homeopáticos del mundo. De origen francés, tiene presencia en muchos países. Se trata pues de una multinacional farmacéutica homeopática. Cuando Boiron aterriza en España, la mayor parte de los médicos homeópatas son de formación ortodoxa. ¿Es eso un problema? Pues sí: los homeópatas ortodoxos recetan muy poco, no son negocio. Uno de los propósitos declarados de Boiron era lograr que todos los médicos prescribiesen homeopatía. El requisito es, naturalmente, adaptar la homeopatía a la mentalidad de los médicos ordinarios, ofrecerles tratamientos “homeopáticos” con indicación terapéutica específica, en definitiva domesticar la homeopatía. Dentro de una elaborada política comercial, envía representantes para que visiten a los médicos del seguro en los ambulatorios y centros de salud. Y tiene éxito: muchos médicos aceptan de buen grado prescribir aquellos remedios para las anginas o para la fiebre o para la diarrea, que son inocuos y pueden simultanear con sus tratamientos habituales.

Aunque tampoco está científicamente demostrado, cabe suponer que este aspecto de la política comercial de Boiron, que le hace incursionar en un territorio hasta entonces exclusivo de la industria farmacéutica alopática, no debió de gustar mucho a la mano que mece la cuna. Y aunque puedo estar equivocado, es muy posible que esa aventura de Boiron haya sido, no la causa última, pero sí el desencadenante de la enorme arremetida que hace ya varios años venimos sufriendo.

Esta ofensiva se ha ido agravando hasta afectar la situación de los médicos homeópatas dentro de nuestros propios colegios profesionales. Puedo entender que haya médicos que estén en desacuerdo con la homeopatía, pero que, valiéndose de un cargo colegial, perjudiquen tan gravemente la actividad docente y profesional de otros médicos a los que ellos representan y a los que están obligados a defender, eso ni lo entiendo ni lo puedo aceptar.

Y la actitud pasiva y sumisa de los dirigentes homeopáticos, la entiendo menos aún.

De lo que no cabe duda es de que los que nos atacan van muy en serio. No se detendrán hasta que hayan acabado con la homeopatía. ¿Con la homeopatía? No exactamente.

Aquí es necesario mirar las encuestas y mirar lo que pasa en la calle. Pese a toda la propaganda en contra, el público sigue considerando que la homeopatía es eficaz. Más de la mitad de los españoles así lo manifiesta. ¿Y esa aceptación por parte del público qué significa? Negocio.

Muchos homeópatas se estarán preguntando cómo es posible que por un lado el público esté a favor de la homeopatía y simultáneamente el número de pacientes en sus consultas se desplome mes a mes. Muy sencillo: una cosa es la homeopatía considerada como un método terapéutico administrado por médicos con una formación adecuada que saben cómo individualizar el tratamiento y adaptarlo a cada caso particular y otra muy diferente la homeopatía como referente publicitario y comercial. Sin que nos diéramos casi cuenta de ello, se ha ido produciendo un cambio profundo en la visión que el público recibe de la homeopatía. Ya no es necesario el médico homeópata ortodoxo que cobra honorarios y receta tan pocos gránulos como si los fuese a pagar él de su bolsillo. Ahora, la homeopatía, una homeopatía adaptada cada vez más a la visión alopática de la salud y la enfermedad, la prescriben gratuitamente el farmacéutico, el auxiliar de farmacia, el entrenador personal, la peluquera, la esteticien, el médico del seguro y, en último extremo, se autoprescribe con la inestimable ayuda de internet. Acabarán con la homeopatía como método terapéutico administrado por médicos con la debida formación y en su lugar quedará esa otra homeopatía que producirá pingües beneficios a más de uno. Neutralizados los homeópatas, más pronto que tarde, alguna mente privilegiada nos hará saber que la homeopatía, después de todo, en dosis bajas y repetidas, ha demostrado científicamente su utilidad en patologías de poca importancia, eso sí, junto con el tratamiento tradicional. Se multiplicarán las formas farmacéuticas: cápsulas, grajeas, inyectables, supositorios, comprimidos. Harán acto de presencia llamativos envases de todos los colores con letreros alusivos a indicaciones salvíficas en tales o cuales patologías menores. Habrá que consumir muchas de esas píldoras lo que, después de todo será muy del agrado del público. Nosotros conocemos los inconvenientes y peligros de todo eso, pero el público no. Las ventas se dispararán. Las grandes firmas farmacológicas encabezarán la cabalgata. Y todo gracias a la homeopatía. Será un festín.

La existencia de esa homeopatía domesticada, que paliará algunas cosas y no curará a nadie, tendrá otra virtualidad: servirá de antídoto contra la auténtica homeopatía que, si se practica en algún sitio, será en las catacumbas, de donde jamás debió salir. Es el precio de la fama.

Emilio Morales Prado

 

 

 

Doctor Emilio Morales

Si te ha gustado compartélo, GraciasShare on FacebookShare on Google+Share on LinkedInPin on PinterestTweet about this on Twitter

13 pensamientos en “EL FINAL DE LA HOMEOPATÍA

  1. Pingback: Reflexión sobre el artículo del Dr. Emilio Morales: ” El final de la Homeopatía” | Salud y Homeopatía

  2. ¿De verdad creeis que se trata de una persecución? ¿No os habéis parado a pasar por el tamiz de la lógica que el tratamiento homeopático no tiene principio activo y por tanto no puede funcionar mejor que el placebo, como han demostrado todos los estudios que se han hecho hasta la época?
    Está claro que los pacientes mejoran pero mejorarían también sin que les dieseis ningún medicamento.
    Y como médicos deberías de ser conscientes de que va contra el Código Deontológico recetar placebo.
    Creo que vuestros tratamientos son muy efectivos por la atención que le prestáis al paciente y los cuidados a la hora de escucharle.

    • Siempre es de agradecer que, en lugar de propinar insultos, algún adversario trate de razonar con uno, así que gracias, Pablo Herrera. También te agradezco que te identifiques con nombre y apellido.
      Estoy convencido de que eres una de esas personas que sinceramente creen que la homeopatía es completamente inactiva desde el punto de vista biológico y terapéutico. Por eso crees ingenuamente (te ruego que entiendas este término en su sentido positivo) que no hay montada una persecución en toda regla contra la homeopatía. Como este es un extremo que podrás comprobar fácilmente dándote una vuelta por los medios (internet y otros), no entraré a debatirlo.
      Veamos los dos pilares, un argumental y teórico y el otro práctico, en los que se sostiene tu creencia:
      1-Como no hay sustancia (la sustancia original) en nuestros medicamentos, simplemente no pueden ser activo. Se admite sin decir que toda actividad biológica posible depende de una sustancia de la acción de unas moléculas, es decir que toda actividad biológica es química.
      Está comprobado (Benveniste, Montaigner, Ennis) que el agua de dilución adquiere una determinada configuración molecular diferente según la sustancia que ha contenido y que puede emitir una señal electromagnética detectable. Tal vez sea necesario desechar la idea de vincular irrevocablemente cualquier acción biológica a una determinada sustancia (acción química).
      La Tierra giraba alrededor del Sol desde que se formó como planeta y hubo que esperar al siglo XVII a que Galileo lo demostrase, pero como estaba tan claro que Galileo se equivocaba, ya que cualquiera puede ver que el Sol gira alrededor de la Tierra, Galileo tuvo que abjurar de la verdad ante la Inquisición para salvar su vida. Tardaron en admitirlo.
      Comprendo que la homeopatía (por lo que se refiere a sus dosis) se sale del paradigma dominante y resulta fácil negarla porque “está claro que dosis tan pequeñas no pueden ser activas”. Cabe preguntarse si esto parece o no parece un prejuicio.
      2-El segundo de los pilares de tu razonamiento es que, supuestamente, la homeopatía no ha superado la prueba del ensayo clínico. Si te molestas en investigar al respecto verás que en distintas ocasiones sí se ha mostrado superior a placebo; en otros casos, no. Pero no es menos cierto que esos ensayos se han hecho, en la mayoría de los casos, con las reglas de la medicina alopática, es decir UN DETERMINADO REMEDIO HOMEOPÁTICO (x) VS. PLACEBO EN UNA PATOLOGÍA DETERMINADA. Un ensayo así diseñado le pide a ese medicamento homeopático (x) que demuestre una acción terapéutica específica superior a placebo en una patología determinada. La homeopatía no es así. Un ensayo tal es como jugar al fútbol con las reglas del baloncesto: le pedimos a un medicamento homeopático (x) que demuestre ser un buen medicamento alopático. Si te tomas la molestia de mirar en este blog, encontrarás este tema explicado más extensamente.
      Por otra parte, los ensayos clínicos no dejan de ser experimentos y sus resultados están necesariamente influidos (de manera consciente o no) por los que los diseñan e interpretan. Eso explicaría que medicamentos que han superado los ensayos clínicos demostrando así su eficacia e inocuidad tengan que ser posteriormente retirados del mercado por su ineficacia o por sus graves efectos secundarios. Eso explicaría por qué el arsenal alopático en su conjunto, que supuestamente ha demostrado su eficacia e inocuidad, se haya mostrado en un reciente estudio como la tercera causa de muerte en los Estados Unidos. Imagina pues la confianza “científica” que merecen tales ensayos.
      Pero existe un tercer pilar, a saber, el de la evidencia clínica. Una evidencia que, en el caso de la homeopatía, ha sido repetidamente confirmada durante más de doscientos años por médicos y pacientes de distintas generaciones, de distintas culturas, de distintos países y, en el caso de los pacientes, hasta de distintas especies. Una evidencia clínica que, por cierto, tú no niegas: “Creo que vuestros tratamientos son muy efectivos” (el subrayado es mío, las palabras, tuyas), pero que explicas, en mi opinión, de manera ingenua: “por la atención que le prestáis al paciente y los cuidados a la hora de escucharle”. ¿Pero no es esa la obligación de todo médico? Si fuese tan sencillo podríamos prescindir de toda medicina, la homeopática que nada contiene y la alopática, que contiene sustancias en ocasiones tan peligrosas para la salud. Bastaría con escuchar atentamente lo que el paciente tenga que decir. ¿He dicho prescindir de las medicinas? Me he quedado corto: también de los médicos. Bastaría con algunas personas cariñosas y pacientes que escuchasen con interés.
      Pablo, si admitimos que con tratamiento homeopático se obtienen “resultados muy efectivos”, habrá que tratar de explicarlos. Y si para eso hemos de admitir que la Tierra gira alrededor del Sol aunque todos estamos viendo que es el Sol el que se mueve y la Tierra permanece quieta, habrá que admitirlo, digo yo. O que un soluto puede alterar las características físicas del disolvente que lo contuvo. Claro que es posible que la explicación definitiva todavía esté por llegar. Pero negar los hechos o explicarlos a la ligera porque tal explicación falte aún es obcecación. Pero te diré una cosa: los hechos son todavía más obcecados.

      • Hola Emilio. voy a ser rápido porque sólo quiero rebatir tus dos tesis anteriores:

        1. No hay ninguna demostración de que “el agua de dilución adquiere una determinada configuración molecular diferente según la sustancia que ha contenido” ya que si eso fuese verdad dejaría de ser agua. La molécula del agua es como es y no puede ser de otra forma; es química básica que tú debiste estudiar en algún momento, como hacemos todos los médicos.

        2. No, no hay estudios que digan que la homeopatía es superior al placebo, y no, no le pedimos a un medicamento homeopático que demuestre ser un buen medicamento alopáticohomeopático. Le pedimos a una sustancia que pruebe su capacidad para curar. Y también, no, los ensayos clínicos no son experimentos cuyos resultados puedan estar influidos porque precisamten por eso se hacen a “doble ciego”, se llama método científico.

        • Hola, a lo mejor me expliqué mal o a lo mejor tú has entendido mi afirmación desde tu propia perspectiva. No he dicho en ningún momento que el agua deje de ser H2O, es decir, que cambie su composición molecular como pareces haber entendido, sino que la disposición espacial de las moléculas de H2O cambia. Ese es el sentido que le doy a configuración y no el de composición. En cuanto al segundo punto, se ha llegado a convertir en un diálogo para sordos (no lo digo sólo por ti y por mí) y por consiguiente no tengo ganas de insistir en eso. Y sí, hay estudios en los que el tratamiento homeopático es superior a placebo. Y sí, la mayor parte de los ensayos clínicos a doble ciego en los que se ha probado la homeopatía están diseñados para la alopatía. Y también, la fiabilidad de los estudios a doble ciego termina cuando un medicamento que ha superado las pruebas comienza a tener efectos secundarios inaceptables. Y asimismo, ¿quién tiene dinero para costear los ensayos clínicos? Nosotros no.

    • Jajaja, muy bueno. Gracias por el chiste, yo. Si vuelves a escribir en este blog con seudónimo, no lo publicaré. Esta vez lo hago por la absoluta brillantez de tu aportación.

  3. A mi familia y a mi nos ha ayudado muchíiiiiiiiiisimo la homeopatía! Estamos criando hijas muy fuertes! Muchísimas gracias por todo D. Emilio Morales.

  4. En efecto ,la homeopatía basa toda su terapéutica en el efecto de los medicamentos observando sobre el hombre sano ,efectos tanto fisicos como psiquicos ,mientras que la medicina oficial se basa únicamente en la experiencia hecha en animales ,obteniendo asi ,solamente respuestas físicas.
    Es el pensamiento lo que hace la grandeza del hombre y es a él a quien se cuida,antes que a la caza en que vive … pascal…

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *