APORTACIÓN DEL DOCTOR ALFONSO SEGURA

 

Estimados compañeros:

A tenor de las cartas vertidas en la web del Dr. Morales, todas edificantes y constructivas para poner en su lugar la verdadera  situación oficial de la Homeopatía en nuestra tierra; creo oportuno añadir mi grano de arena al discurso, vuestro, nuestro discurso.

Adelanto que no seré nada ortodoxo, pues  creo divergir de forma ostensible de las opiniones expuestas hasta ahora, aunque entiendo que aportan soluciones sensatas que persiguen la inclusión y aceptación oficial del método médico hahnemaniano en nuestra sociedad. En definitiva, esto es lo que se persigue.

Adelanto que no voy a a aportar soluciones. Sólo haré algún que otro recordatorio y espero contribuir a que comprendamos el por qué de esta situación generada.

Nada nuevo en el horizonte: la medicina homeopática síempre – he dicho: siempre- ha sido denostada e incluso perseguida desde su nacimiento. La vida de su fundador es ejemplo elocuente de dicha persecusión.

Desde antes de Paracelso, las dos divergentes expresiones médicas fundamentales han coexistido y combatido entre ellas en la historia de la medicina. Para no entrar en grandes disquisiciones, resumámoslas en la visión organicista y la unicista. Sólo con  Paracelso – y después Hahnemann-  dada la marcada y formidable personalidad de Paracelso, por primera vez se proclamó transitoriamente en el orbe médico una medicina integral que puso en solfa la obsoleta medicina galénica – la oficial – de la época. Duró lo que se tardó en iniciarse la persecución al médico de Basilea. Hoy dia, no pocos historiadores de la medicina sólo subrayan con mayor énfasis el supuesto y más que posible enolismo de Paracelso, antes que poner de relieve su contribución a la medicina de síntesis actual. Para excusas, cualquiera vale con tal de tener a mano.

Hahnemann fue un adelantado a su época. Todavía muchos de sus planteamientos esclarecen las zonas oscuras que la medicina alopática se ha autoimpuesto con sus limitaciones epistemológicas, como los efectos primarios y secundarios de los medicamentos.  También fue perseguido. ¿Por quién, especialmente? Por los boticarios y los médicos organicistas: aquella fue una época en que todas las disciplinas científicas comenzaron a despuntar y, sin embargo, el médico honesto aún se avergonzaba de sus elucubraciones fisiopatológicas argumentadas sobre una base médica humoral. Hahnemann disiparía dichas elucubraciones en una época coyuntural donde lo científico comenzó a adquirir ya su hoy asentado valor mesiánico y religioso.

Estos esbozos históricos los damos desde una perspectiva global, como global es la situación de la homeopatía en la actualidad. En este sentido, no tiene la mayor trascendencia emprender acciones en y hacia el Colegio de Médicos de Sevilla. No habrá victorias porque no existen batallas de esa índole y menos aún la posibilidad de guerras. Los colegios médicos, en general, están sufriendo las mismas coacciones explícitas e implícitas, de carácter global y, aparentemente indefinidas (sociales, pensamiento imperante, etc., y especialmente económicas). La sociedad médica debe apuntarse y montarse al carro de la nueva Medicina que está por venir y quién no esté de acuerdo será condenado al ostracismo.

La Medicina alopática, tal y como hoy la entendemos, vive sus últimos estertores, encontrándose a un paso de ceder su cetro a una nueva medicina cibernética y genética, que se está cociendo desde Silicon Valley, no siendo anecdótico que uno de los mayores inversores en medicina sea Bill Gates.

Es una medicina cuyo aparato tecnológico y financiero se encuentra a punto. El inconveniente actual es la inapropiada mentalidad de la población mundial para aceptar un cambio en la concepción médica. Así pues, estos son los años en los que se orquesta la llegada de dicha Medicina. Las impresoras 3D y el cultivo celular dará luz verde a la fabricación de órganos, la informática cuántica propiciará información genómica casi al instante, etc. En ese sentido, la figura del médico ancestral sería una incomodidad de primer orden. Permítanme la expresión, refrendada por las consultas convencionales: el médico ya no existe.

Han educado a las nuevas generaciones de pacientes a renegar del terapéutico vínculo con su médico, para que depositen toda su confianza en la Medicina (en la Basada en la Evidencia, santa sanctorum de la creencia en la Ciencia). Los que se llamaran médicos, serán hiperespecialistas que vigilaran los datos cuantitativos que proporcionará la biotecnología incluida en la naturaleza humana, indirecta o directamente con tecnología móvil. Google fue el primer balbuceante «médico» que habría de venir. Llegará un momento en que el paciente no confiará en el médico, sino en la Medicina.

Han comenzado con una campaña mundial liderada por pseudoescépticos. Posibilitada por esa navaja de dos filos que son las redes sociales, donde toda noticia alcanza categoría de verdad aceptable para el normal de la población. Existen modelos de campañas en las que los contenidos se lanzan de formar escalonada, con una cadencia de contenidos, para crear un impacto, para emocionalmente crear animadversión emocional, superando a la experiencia empírica o racional, para hacer normal lo anormal.

Comenzaron contra los médicos homeópatas, es decir, los que curan con un modelo médico completo y homogéneo. Ahora les siguen todos aquellos médicos que sean capaces de crear un vínculo médico-paciente. Los que hemos probado las mieles de la consulta homeopática sabemos que un médico alópata que no haya podido experimentar ese climax, no conseguirá jamás en su vida en una consulta de la seguridad social, por ejemplo, el vínculo terapéutico conseguido en una consulta médico-homeopática. Para nuestros compañeros médicos del Colegio esto es algo inimaginable. Sería como explicarle a una persona que jamás ha comido manzanas, cómo es el sabor de la manzana. Hablo con conocimiento de causa. No puedo inhibirme tras veintiséis años de práctica clínica. Ante afirmaciones como ésta, es normal que el insulto que se decline sea el de charlatanes, que producimos efecto placebo, etc.

Pero aquí llegamos al centro de la cuestión: el verdadero peligro es que nuestros pacientes confíen en nosotros. Este es el peligro por el que se están produciendo estas movilizaciones a nivel mundial. Por ende, no obstante, no deja de ser nuestra mejor arma (ya que se ha hablado tanto de armas en algunas cartas anteriores). Nuestra arma es la confianza de nuestros pacientes.

Antes de que se establezca la Medicina que ha de venir, se requiere la preparación y transformación del pensamiento de la población.

Los médicos homeópatas no debemos intercambiar impresiones con estos compañeros secuaces del sistema. Podremos respetarnos, pero no entendernos. No voy a aceptar los argumentos de quienes se empeñan en denostar una Medicina que cura, denigrándola alegando acientifismo y, a su vez, no se esfuerzan en demostrar científicamente -por ejemplo- el por qué la aceptación de Danacol como hipolipemiante; o a aquellas sociedades científicas que preconizan las bondades de las galletas con forma de dinosaurio para la salud pediátrica, o quienes protocolizan la prescripción de antidiabéticos que aumentan la posibilidad de evento cardiaco isquémico aunque te controle el nivel de glicada.

Tan solo debemos seguir tratando a los pacientes como hemos hecho hasta ahora. Siempre pervivirán algunos pacientes -los homeopáticos-  que anhelen el vínculo con su médico.

A modo de conclusión:

– Nuestra única y poderosa arma es la confianza de los pacientes en establecer un vínculo y mantenerlo con un médico cuyo principal objetivo es el de restablecer la salud del paciente.

  • Se avecinan buenos tiempos para la homeopatía. Por fin pasaremos consulta tranquila y clandestinamente con los pacientes idóneos, los que quieren curarse (os recuerdo que hay pacientes que no quieren curarse). Así pervivirá el médico ancestral, los médicos homeópatas seremos el reducto de una especie en extinción. Dentro de unos años nadie respetará a los médicos. En todo caso, los cirujanos compartirán altares con robots y ordenadores cuánticos. Los pacientes se harán seguimientos con aplicaciones adheridas a la piel o incluso en órganos internos.
  • Se avecinan malos tiempos para el ser humano.
  • La homeopatía será tan denostada que nadie querrá prescribirla y los farmacéuticos no verán ventaja en su venta. Sólo algunos fabricantes de medicinas se atreverán a pasar noches haciendo sucusiones infinitesimales en la clandestinidad de la trastienda, para suministrarla a esa extraña secta de homeópatas.

Recuerdo que fue así como empecé, hace ya 27 años, en la dulce ignorancia social sobre qué era la homeopatía. Venían los pacientes y se encontraban con el médico universal que nunca imaginé iba a ser. Pasaba consulta en un lugar improvisado. Recordando a Hahnemann, podría tratarse de una habitación de cualquier hotel de París.

Mucho antes de ahora, ya pensaba que la homeopatía -paradójicamente- debía ser prohibida para así tratar a nuestros pacientes. Sin estorbos.

Alfonso Segura

 

 

 

 

Doctor Emilio Morales

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2 comentarios en “APORTACIÓN DEL DOCTOR ALFONSO SEGURA

  1. Lúcido análisis del Dr. Segura. Efectivamente, asistimos al intento de dominación de todo lo que todavía podemos llamar humano por lo que se ha dado en llamar el solucionismo tecnológico, con sus excesos y sus locuras, sus señores y sus secuaces. Se espera que todo se lleve a cabo con la complicidad activa o pasiva de la gente, que se deja entretener por delante mientras por detrás se le vacía de datos y de humanidad. No tiene que ser toda la gente, basta una suficiente masa crítica. Y a fe nuestra que la tienen.
    Rentabilidades pasadas no aseguran futuras, reza el aviso financiero. Si le damos la vuelta, persecuciones pasadas al ejercicio médico homeopático no deben resignarnos a las presentes y las probables futuras.
    Todos somos médicos, todos somos OMC, a pesar del terrible doble error que están cometiendo actualmente nuestros dirigentes: estableciendo las condiciones que permitirán las más rancias purgas contra parte de la propia colegiatura y delegando el trabajo más internamente impopular a los mamporreros de la «ciencia».
    Dos años de ataques públicos «preparativos» con profusión de apoyo mediático desde su cúpula y dificultades crecientes en los Colegios para las actividades formativas en técnicas complementarias e integrativas; revocación por parte de la Asamblea General el pasado diciembre de su previo reconocimiento de la homeopatía como acto médico; el encargo de un informe para limitar (eufemismo de suprimir) su práctica; el enrocamiento en el Art. 26.2 del Código para justificar ataques contra el ejercicio no convencional, en particular la insensata entronización de la «evidencia» como medida absoluta; la alianza con los más furibundos autores de ofensa pública contra colegiados de entre los más excluyentes (los autodenominados escépticos) en la creación del Observatorio; la eliminación de secciones y comisiones de ejercicio médico no convencional en colegios…
    De no corregirse la trayectoria, la contestada Validación Periódica Colegial, cuya lnstauración la OMC está haciendo que sea voluntaria u obligatoria, lo que mejor la consiga, sería el instrumento final de potencial descolegiación (por tanto, de inhabilitación) de todo ejercicio médico «no ético», es decir, no convencional. En tal futurible situación, la posibilidad de que ciertos médicos tengan que ejercer en las cavernas y en la clandestinidad está ya a la vuelta de la esquina. Con tales «estorbos», se prevé sumamente complicado tratar a pacientes en condiciones.
    Merece la pena ayudar a reconducir esta trayectoria fatal a quienes parecen estar empeñados en destruir ese preciado vínculo del médico universal con sus pacientes, al que alude bellamente el Dr. Segura. Y su confianza.
    Pues tiene que haber una forma en que la OMC lleve a cabo sus indiscutibles responsabilidades ante la sociedad sin demonizar públicamente a buena parte de su propio colectivo. A tal fin, debe contar con él para diseñar la mejor estrategia en este asunto. Aliarse con agentes externos para su eliminación es, cuando menos, discutible. La resignación por parte del ejercicio médico no convencional a un final diseñado por terceros y hasta por cuartos, tres cuartos de lo mismo.

  2. Más sobre la «actualidad» del solucionismo tecnológico y sus locuras (Morozov dixit), aplicado ahora al intento de destrucción de la bimilenaria relación medicina-paciente, aludido en esta entrada. Publicada en el mismo diario que se ha erigido como principal propagandista del Movimiento Escéptico Auto-Denominado y Organizado, en su lucha sin cuartel contra la diversidad sanitaria. El mismo MEADO que la mismísima cúpula de la OMC ha metido en el mismo núcleo de la profesión, desde donde continúa repartiendo la misma doctrina inquisitorial que hasta ahora prodigaba fuera. Primero, contra el ejercicio médico homeopático, después contra otras prácticas médicas no convencionales y, finalmente, es previsible, cuando se haya hecho limpieza fuera, contra todo ejercicio médico «convencional» que sea prescindible para el negocio sanitario. Es decir, que no sea «ético». Es decir, que no tenga suficiente (el solucionismo y sus balances comerciales dirá cuánto, cuándo y para quién será suficiente) «base científica».
    Es decir, contra todo ejercicio médico independiente, tal como lo conocemos. Que aspira legítima y necesariamente a fundamentarse en la Ciencia con mayúsculas, por supuesto, así debe ser. Un ejercicio médico bien centrado en la legalidad, en su propia ética y deontología al servicio de la población. Pero independiente de una «ciencia» manejada por el negocio, dictada por sus señores tecnócratas e impuesta por todo ese «cuerpo» implacable de mamporreros pseudo-científicos, pseudo-escépticos y el cielo sabe cuántos pseudo más, cuya triste función parece consistir en trabajarse, a golpe de falsedades, descalificaciones, ofensas y lo que se tercie una sociedad ignorante, acrítica, atemorizada, sumisa, dependiente e hiperconsumidora de lo que le echen y de lo siguiente.
    Enlace:
    http://one.elpais.com/maravilloso-dispositivo-medico-star-trek-ya-una-realidad/
    Fragmento:
    «(…) Uno de estos equipos fue el de la empresa canadiense Cloud DX, ganadores del premio a la innovación en la competición con su Vitaliti. El sistema integra varios dispositivos que se conectan de forma inalámbrica y permiten medir las constantes vitales del usuario (como el ritmo cardíaco, la temperatura corporal o la cantidad de oxígeno en sangre), realizar análisis de fluidos, identificar distintos síntomas de enfermedades conectándose a la nube, e incluso recibir consejos médicos gracias a la intervención de la inteligencia artificial. Robert Kaul, CEO de la compañía, cree que la medicina del futuro evolucionará muy rápido hacia modelos como el Vitaliti: “el cuidado de la salud será algo que haremos en casa o en el trabajo a través de la tecnología en lugar de ir al médico como hacemos ahora. Además, la inteligencia artificial permitirá a los doctores tomar mejores decisiones. Será una revolución en todos los lugares del mundo que nos permitirá ahorrar tiempo y dinero”. Una idea esperanzadora que podría figurar en el código deontológico del equipo médico de la nave Enterprise.»
    Toda una declaración de intenciones, la del propagandista de turno de las tecno-soluciones para el ámbito asistencial:
    «…en lugar de ir al médico como hacemos ahora…»
    «…que podría figurar en el código deontológico del equipo médico..»
    Continuará… Por sus bits. Y cada vez será más difícil diferenciar información de publicidad. Si es que alguna vez fueron algo distinto.

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