FELIZ AÑO

Ya media diciembre y hay quien me apremia para que escriba un mensaje de felicitación a los amigos. Es fácil preguntarse si tenemos algo que celebrar. En seguida se nos viene a la cabeza el contexto, la coyuntura y ahí no parece haber nada por lo que alegrarse salvo, tal vez, el consuelo del tonto: que otros están peor; o el del optimista: que podría ser peor.

Pero dejando a un lado las circunstancias que nos rodean, aún quedamos todos y cada uno de nosotros, lo que es lo mismo que decir: quedamos yo. Ese yo que cada uno de nosotros viene a ser, más o menos maduro, más o menos narcisista, más o menos feliz, más o menos rico o importante o bueno, pero, en cualquier caso, vivo. Y, por vivo, objeto del infinito amor del Universo, reflejo existente del Ser que, en palabras de Hahnemann “adoran los habitantes de todos los sistemas solares”. No siempre podemos ver esa inmensa realidad que nos acompaña y de cuya naturaleza participamos, pero basta con pararse a pensar que somos un vórtice de luz plasmada en conciencia, un vórtice de cuyo interior no paran de surgir pensamientos, sentimientos, vida. Felicitémonos por ello.

Es cierto que tenemos la mala costumbre de estropearlo todo. No indaguemos hoy las causas de tales tendencias. Pero si sólo una vez, una vez en toda la vida, has sentido un segundo de felicidad, de paz, de alegría inexplicables, un estado que parecía no depender de nada, es un hecho definitivo. Ese instante ha quedado grabado en tu esencia para siempre y, llegada la ocasión, saltará y se expandirá y teñirá tu mundo de un hermoso color que jamás has visto porque aún no existe: ese color lo crearás tú. Felicitémonos también por eso.

Felicitémonos, asimismo, porque tú(yo) y tú(yo) y tú(yo) y también yo podríamos, si quisiéramos, hacer que este mundo, ese contexto al que antes me refería con tanto pesimismo, fuese un poquito mejor. ¿Queremos? Si la respuesta es la que imagino, felicítate. Y acepta que yo te felicite porque eres un ser humano de buena voluntad. ¡Lo mejor de lo mejor!

Doctor Emilio Morales

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8 comentarios en “FELIZ AÑO

  1. Comparto cada una de tus lúcidas manifestaciones, disfruto observando los matices de tu pintura y soy dichoso de poder considerarme un amigo tuyo.
    ¡Felicidades para todos los humanos con H mayúscula!

  2. Gracias Emilio por tus apreciaciones. Espero que pronto podamos ver una exposición de tus cuadros. Felicitaciones para ti y los tuyos.

  3. Muchas gracias por tu felicitación querido amigo¡¡
    . Estamos vivos y pongamos manos a la obra. Un abrazo por un mundo mejor.

  4. Tintineo de ¿campanillas? al empujar la puerta de entrada. Travelling lento de la cámara, desde una toma general de un espacio común demasiado iluminado hacia la superficie de una mesa de trabajo con demasiadas pantallas, hasta detenerse sobre una entrada para La estrategia del caracol y un mazo de invitaciones para el concierto de El ABC que salva vidas.

    – Buenas. Venía a pagar.
    – Por «adelantado», supongo.
    – ¿Sabes qué es un aforado?
    – Me lo estaba barruntando.
    – En ciertos pandominios de la política andaluza, un aspirante a-forrarse con la ayuda de otra ERE.
    – Pero qué mestás contando.
    – Cualquier ocurrencia es como la fe: si la explicas no tiene “gracia”. Quiero decir…
    – ¿Pagas tú o pego yo?
    – So teiba decir. Cóbrame también la salida.

    Y la auto-extracción del saliente de guardia todavía se prolongó un rato más. ¿Ayudó el run-run de la Noche de Luna, de Burguitos? (¿O era el eco de las campanillas?). No digo que no.
    «Hoy vas a brillar más que ninguna.»
    Definitivamente, era un eco.
    «Estás decaída, te falta ilusión. No encuentras arreglo a la situación».
    Y casi parece que la homeopatía merece la canción.
    «Contra la rutina y la sinrazón, fría la cabeza y caliente el amor».

    https://youtu.be/nUImlxUUP7M
    Efectivamente, queda el resplandor.
    El hecho definitivo.

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