Lo que diga dios (que no Dios). Aportación de la doctora Isabel Romero de la Osa

Cuando hace  unos años leí la novela  titulada 1986, escrita por George Orwel  en 1948, pensé que más que una novela  de ciencia ficción parecía un vaticinio de  la vida que  ahora vivimos.  En el mundo descrito por Orwel en su novela  no existía libertad en ningún sentido. Incluso el pensamiento era controlado por un ser superior.  Un mundo que se parece mucho a este   de principios del 2000 y que comenzó a mediados del siglo XX.

Se nos manipula como si fuésemos borregos.  No podemos decidir sobre nada de lo que forma parte de nuestra vida.  Todo es decidido por un ente superior, un dios llamado  gran industria, un hermano mayor que se concede a sí mismo el derecho que nos corresponde a todos.

Un dios que se nutre de su propio poder. De su capacidad para convencernos de que todo lo que hace es por nuestro bien. Reconociendo, claro está, todos nosotros, que su esfuerzo merece cierta rentabilidad nada simbólica  

Gracias a ese dios estamos sustituyendo los alimentos naturales por otros que según él son mejores que los que la propia Naturaleza nos aporta. Y nos lo creemos, a pesar de que cada vez hay más casos de intolerancia alimentaria.

Gracias a ese dios sustituimos las relaciones interpersonales  por  maquinas  con las que jugamos a matar. Esas maquinitas nos enseñan que la vida del otro no importa mientras uno se divierta. Nunca ha habido tanto crimen por diversión.  

Ese dios egoísta y sin escrúpulos, nos lleva donde quiere  con sus tejemanejes. Y lo hace tan bien, que no solo no nos damos cuenta, sino que si alguien nos advierte sobre esa situación le consideramos hereje y le llevamos a la hoguera.

Es un dios muy listo, como todo dios. Basta con hacernos creer que somos tan inteligentes  que nuestros pensamientos  coinciden con el suyo.  No hace falta que comprobemos nada, porque él lo sabe todo y nosotros tenemos fe en él.   

Si él dice que la única medicina que cura es la convencional es porque es así. Aunque después de pasar toda la vida tomando tal o cual medicamento para curar una enfermedad sigamos con el mismo medicamento (aunque tomando más cantidad cada vez), con la misma enfermedad (aunque cada vez más intensa), y además con otras enfermedades que se han ido asociando a la primera (las mismas  que ya el papelito que va dentro de la caja decía que podían aparecer si se tomábamos ese medicamento).

Y si dice que la Homeopatía no cura, pues no cura porque lo dice dios. A pesar de que  sanitarios y  pacientes den testimonio y se demuestre,  con los estudios complementarios  realizados durante el tratamiento, que esa enfermedad no curada y además  complicada desapareció finalmente con el uso de un medicamento homeopático.   

Lo que ocurre, como dice dios, es que esos enfermos siguen estando enfermos, pero creen que se han curado porque ya no tienen dolor o eccemas o lo que sea que tuvieran antes.

Y por supuesto no es que dios se beneficie económicamente de la  existencia  de enfermedades crónicas que deben ser tratadas de por vida y cada vez con un número mayor de   medicamentos derivados del petróleo. Es que la homeopatía está beneficiando a los laboratorios que producen medicamentos homeopáticos al hacer que los pacientes se curen y no tengan que tomarlos más que durante un periodo de tiempo limitado.

Dra.  Isabel Romero de la Osa Palacios.

 

 

 

 

Doctor Emilio Morales

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1 comentario en “Lo que diga dios (que no Dios). Aportación de la doctora Isabel Romero de la Osa

  1. Código Deontológico:
    Art.26. 2. No son éticas las prácticas (…) carentes de base científica (…)

    Dos fragmentos de Innovación sin pacientes: buscando un nuevo contrato social por el conocimiento biomédico, de Abel Novoa, en: http://www.nogracias.eu/2017/06/25/innovacion-sin-pacientes-buscando-nuevo-contrato-social-conocimiento-biomedico-abel-novoa/
    – La marca «basada en la evidencia» ha sido apropiada indebidamente por gigantescos intereses creados.
    – La ciencia biomédica es calificada como «bono basura», comparada con la credibilidad de otras ciencias.

    ¡Qué monumental doble error, el que tienen que sufrir tantos colegiados y usuarios en propias carnes! La pretensión de la OMC de, en primer lugar, eliminar toda práctica médica no convencional sin «base científica», una «ciencia» que no sustenta con fundamento ni a la mayor parte de la práctica médica convencional. En segundo, imponer una ética médica exclusivamente «ciencia»-dependiente.
    ¡Qué alejada, la OMC, del mundo real, desde que se ha aliado con el MEADO para la creación del «Observatorio»! Todo muy en la línea prevista por Orwell (1984, Rebelión en la granja), aludido por la Dra. Romero de la Osa, otra de cuyas perlas recuerdo aquí:
    Todos los animales son iguales. Pero algunos lo son más que otros.

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