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ACOSO AL EJERCICIO MÉDICO EN ESPAÑA

Marino Rodrigo, Médico

Marzo de 2021

Introducción

Durante el quinquenio 2016-2020, dirigentes de la colegiatura médica española, en bochornosa alianza con elementos hostiles extracorporativos, ejecutaron un ataque público e indiscriminado contra el ejercicio médico no convencional (EMNC).

   Todo recurso mediático imaginable amplificó su mensaje: cualquier praxis médica “no basada en la evidencia” es engaño, fraude, estafa. Médicos ejerciendo honradamente en ámbitos complementarios al convencional quedaron en el punto de mira. Atónitos, miles de colegiados españoles en una situación surrealista: su cuota colegial obligatoria financiando su eliminación profesional.

   Dos eventos extraordinarios han aminorado la desaforada acometida durante la segunda parte de 2020 y lo que llevamos de 2021: la pandemia COVID19 y las elecciones al consejo general colegial, en las que fueron relevados de sus cargos el presidente y el tesorero.

   Este documento es solo una muestra de la defensa por parte de profesionales y usuarios de valores amenazados: las libertades de prescripción, de expresión y de opinión del médico, y la autonomía de los usuarios de la sanidad. Empieza aludiendo a una reunión que tuvo lugar en un modesto colegio provincial, en los crudos tiempos “de plomo”. Sigue una recopilación de cartas publicadas. Y termina con una serie de preguntas, las mismas que podrían formularse a (y deberían ser respondidas por) todo aspirante a “azote” indiscriminado del EMNC antes de su oportunidad mediática.

   Un cúmulo de razones y justificaciones de tipo profesional y deontológico, de praxis médica tradicional y empírica, y de preferencias y valores de los pacientes siguen avalando hoy el ejercicio médico no convencional honesto con miras de perfeccionamiento, validación e integración. Frente a tal copioso argumentario, la jaculatoria de la sinrazón, con la machacona insistencia de la gota malaya: “no tiene evidencia”. Y si, como sucede a menudo, la tiene, no es suficiente. Y si es suficiente, no es válida. Y si es válida no es aceptable, porque ni es suficiente ni tiene evidencia.

   Cabe cuestionar, ciertamente, el decoro de airear públicamente asuntos que deberían quedar restringidos a ámbitos médico y deontológico. Desde el principio, altos dirigentes colegiales llevaron su ataque contra el EMNC a la arena pública, fuera del ámbito de debate en el que el propio Código de Deontología Médica recomienda dirimir ciertas discrepancias profesionales. El decoro adquirió así otra dimensión.

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